Venancio David Valentin Gomez

Bierzo: el lugar donde la Mencía encontró su voz

¿Sabes esa sensación de descubrir un lugar del que casi nadie habla… pero que cuando lo visitas entiendes que es especial?

Eso es exactamente lo que me pasó la primera vez que llegué al Bierzo.

Iba conduciendo hacia el noroeste de la provincia de León, dejando atrás la meseta castellana, y poco a poco el paisaje empezó a cambiar. Las montañas comenzaron a cerrar el horizonte, el verde apareció con más fuerza y, casi sin darte cuenta, entras en una especie de valle protegido que parece diseñado para que la vid crezca tranquila.

El Bierzo tiene algo difícil de explicar con números. Es más una sensación.

Es un territorio que parece recogido entre montañas, como si alguien hubiera creado un pequeño refugio natural para el viñedo. Y eso tiene mucho que ver con lo que ocurre dentro de la copa.

Aquí confluyen dos mundos climáticos.

Por un lado, la influencia atlántica que llega desde Galicia, con humedad, frescura y lluvias moderadas. Por otro, el carácter más continental del interior de Castilla y León.

El resultado es un clima muy equilibrado. Los inviernos son fríos, las primaveras suelen ser frescas y los veranos tienen calor… pero raramente extremo.

Las viñas aquí se reparten entre los 450 y los 1.000 metros de altitud, lo que introduce una diversidad enorme. Hay parcelas cálidas y otras mucho más frescas. Orientaciones que cambian completamente el ritmo de maduración de la uva.

Pero si hay algo que realmente marca el carácter del Bierzo son los suelos.

En muchas zonas dominan las pizarras mezcladas con arcillas, suelos pobres que obligan a la vid a esforzarse. Y cuando la vid se esfuerza, suele ocurrir algo interesante: produce menos uva, pero más concentrada.

Y aquí es donde el territorio empieza a hablar dentro del vino.

Porque los vinos del Bierzo suelen tener algo que engancha desde el primer sorbo: fruta, frescura, cierta tensión… y una elegancia que no siempre esperas encontrar en esta parte de España.

Mientras recorres la zona te das cuenta de otra cosa.

El Bierzo no es una denominación que haya nacido de repente. En realidad, lleva siglos haciendo vino.

Los romanos ya cultivaban viñedos aquí cuando explotaban Las Médulas, la enorme mina de oro que hoy sigue siendo uno de los paisajes más impresionantes de España.

Después llegaron los monasterios medievales, que mantuvieron viva la cultura del vino durante siglos.

Pero, como ocurrió en muchas zonas rurales, el siglo XX no fue fácil. La emigración, el abandono del campo y la falta de rentabilidad hicieron que muchas viñas quedaran olvidadas.

De hecho, durante mucho tiempo el Bierzo fue una región vitivinícola bastante discreta.

Hasta que algo cambió.

A finales de los años ochenta, cuando se reconoce oficialmente la Denominación de Origen Bierzo en 1989, empieza a surgir una nueva generación de viticultores y bodegueros que miran el territorio de otra manera.

Empiezan a fijarse en las viñas viejas, muchas plantadas hace más de 70 u 80 años.

Empiezan a entender que los suelos, las altitudes y las orientaciones pueden dar vinos con mucha personalidad.

Y poco a poco el Bierzo empieza a despertar.

Si hay una protagonista clara en esta historia es la Mencía.

Durante muchos años fue una variedad poco valorada, utilizada para vinos sencillos o de consumo local. Pero cuando se empezó a trabajar bien el viñedo y a controlar los rendimientos, la Mencía empezó a mostrar algo muy interesante.

Es una uva capaz de reflejar el lugar donde crece con mucha precisión.

En el Bierzo suele dar vinos con fruta roja fresca, notas florales, cierta mineralidad y taninos suaves. Son vinos con estructura, pero al mismo tiempo con mucha elegancia.

Hay quien los compara, salvando las distancias, con la finura que pueden tener algunos Pinot Noir. Y aunque cada variedad tiene su identidad, la comparación ayuda a entender el estilo: vinos expresivos, frescos y muy gastronómicos.

Pero el Bierzo no vive solo de tintos.

En los últimos años hay otra variedad que está llamando muchísimo la atención: la Godello.

Durante décadas estuvo a punto de desaparecer. Hoy, sin embargo, está demostrando que puede dar blancos con volumen, frescura y una capacidad de envejecimiento sorprendente.

Mientras hablas con viticultores de la zona, aparece otro concepto que se repite mucho: las viñas viejas.

Muchas están plantadas en vaso, en pequeñas parcelas repartidas por laderas y colinas. Algunas tienen más de un siglo.

Y esas viñas son probablemente uno de los mayores tesoros del Bierzo.

Hoy la denominación cuenta con algo más de 70 bodegas y unas 2.400 hectáreas de viñedo, con una producción que suele rondar los 10 millones de botellas al año.

No es una denominación enorme si la comparamos con otras grandes regiones españolas.

Pero quizá esa sea parte de su fuerza.

El Bierzo no compite en volumen. Compite en personalidad.

Cada vez es más habitual encontrar vinos del Bierzo en restaurantes internacionales, en mercados como Estados Unidos, Reino Unido, Alemania o Japón. Lugares donde el consumidor busca vinos con identidad, con historia y con un territorio claro detrás.

Y aquí es donde el Bierzo tiene algo muy potente.

Porque es un territorio donde el concepto de vino de lugar empieza a cobrar cada vez más sentido.

Las parcelas cambian en pocos metros. La altitud, el tipo de suelo o la orientación pueden modificar completamente el carácter de un vino.

Por eso muchos productores están empezando a elaborar vinos de paraje o de parcela, algo que acerca mucho el Bierzo a la filosofía de algunas de las grandes regiones vitivinícolas del mundo.

Por supuesto, también hay retos.

El principal es el minifundio. Las parcelas suelen ser muy pequeñas y están muy fragmentadas, lo que hace que trabajar el viñedo sea más complejo y costoso.

Además, mantener vivas muchas de esas viñas viejas requiere esfuerzo y rentabilidad.

Pero al mismo tiempo ahí está la oportunidad.

Porque el mercado del vino está cambiando. Cada vez se valoran más los vinos auténticos, con historia, ligados a un territorio concreto.

Y el Bierzo tiene exactamente eso.

Después de pasar unos días recorriendo sus viñedos, hablando con bodegueros y probando sus vinos, me quedé con una sensación muy clara.

El Bierzo ya es una denominación importante.

Pero probablemente todavía no hemos visto todo lo que puede llegar a ser.

Y ahora me gustaría saber algo.

Cuando pensáis en vinos españoles con una identidad muy marcada…

¿Qué denominación os viene primero a la cabeza?

 

C.R.D.O. BIERZO

C/ Mencía 1, Campo de San Bartolo.

24540 Cacabelos (León). España

T +34 987 549 408

info@crdobierzo.es

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Venancio David Valentin Gomez

🍷Sumiller por profesión, guarnicionero por oficio y contador de historias por pasión.

💫Entre el aroma del cuero y el perfume del vino, descubro historias que nacen de la tierra y se curten con el tiempo.

📝Acompáñame a explorar los secretos del vino, donde la artesanía del cuero y la tradición de la viña se entrelazan.

👌 Porque el vino no solo se bebe, se vive… y se cuenta. 

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