Asunción Bustos Frías

Donde el Alma se hace vino

 Visita con alumnos y amigos a Bodegas López Campos (Almavid)

Hay días que se marcan en el calendario con una copa de vino, pero otros, los que de verdad importan, se quedan grabados por la historia y la emoción que hay detrás. Hace unos días, llevé a un grupo de alumnos y amigos (esos "locos del vino" que me siguen a todas las catas y que ya son mi fiel 'banda del buen beber') para poner rumbo a un rincón con una magia especial en Valmojado, Toledo. ¿El destino? Almavid (Bodega López Campos).


Como sumiller, he visitado muchas bodegas, pero hay algo en los proyectos familiares que te toca la fibra de una manera distinta, más íntima. Lo que vivimos allí no fue solo una cata técnica; fue una lección de vida, raíces y, sobre todo, una pasión que casi se podía tocar con las manos.


Un viaje al pasado para entender el presente


Nada más llegar, rodeados de ese paisaje castellano que tanto impone, nos sumergimos en la historia de la familia López Campos. Y ojo, que no es una historia de marketing de manual; es de las de verdad, de las que te hacen sonreír al imaginar tiempos pasados.

Todo empezó a principios del siglo XX con los abuelos, Paulino y Francisco (el entrañable "abuelo Kiko"). Imaginaos la escena: herramientas manuales, el sudor del trabajo honesto, tinajas de barro y una artesanía pura que entonces era pura supervivencia y amor por la tierra.


Como ocurrió en tantas zonas rurales, en los años 60 el mundo cambió y la elaboración de vino en la casa se detuvo. Sin embargo, el "alma" nunca murió. Alicia y Paulino, la segunda generación, cuidaron esas viñas centenarias como si fueran tesoros familiares, manteniéndolas vivas contra viento y marea. Gracias a ese empeño de proteger el legado, hoy podemos disfrutar de lo que Almavid ofrece.


Fue en 2012 cuando el proyecto volvió a latir con fuerza, de otra manera, con la mirada puesta en la excelencia actual, pero siempre sin olvidar la sabiduría del pasado. ¿El objetivo? Meter en una botella la esencia pura de la Sierra de Gredos y el carácter honesto de la Garnacha de Méntrida. Y vaya si lo están logrando.


Y Alberto es hoy el Alma de este proyecto: su pasión nos robó el corazón!!

Si hubo algo en lo que todo el grupo coincidió —y mirad que somos un grupo de opiniones variadas y a veces un poco "tiquismiquis"— fue en la figura de Alberto López: él es el enólogo y el verdadero motor físico y emocional de Almavid.


A todo mi grupo nos llamó muchísimo la atención su pasión desbordante. Es algo que se contagia en cuanto te da los buenos días. Te cuenta con orgullo de esa parcela de más de 100 años (Fuente Ignacio) que su abuelo injertó con la llamada “Tinta Aragonesa”, hoy ya adaptada a su entorno es una garnacha con la que elabora vinos que se identifican con ella y con su cuidado ecológico como ningún otro vino. Te explica el proceso de mínima intervención —esa filosofía de "no molestar al vino", de dejar que la uva hable por sí misma— con una luz en los ojos que te hace entender por qué sus vinos tienen esa vibración especial.


No son productos industriales; son pedacitos de tierra, sol y trabajo embotellados. Al final, el vino es un reflejo de quien lo hace, y Alberto es pura alma.



Vinos que emocionan (y que hay que compartir)


Durante la cata, que acompañamos con un rico picoteo muy bien escogido, pudimos recorrer su gama, desde su Blanc de Noir de garnacha y los rosados, hasta sus tintos más profundos.


 *Blanc de noir de garnacha con crianza sobre lías, con una elaboración lenta con varios batonages diarios con los que consigue estructura y aromas complejos. Esa misma complejidad le sitúa como gran amigo de diferentes comidas. Un blanco de tintas especial, único, sedoso pero estructurado.

 * Garnacha Rosé con crianza sobre lías con la que se consigue esa untuosidad y suavidad que tanto nos gusta. Tiene estructura pero también una frescura que te hace pedir otra copa al instante. Es pura alegría.

 * El Syrah 2016: Una expresión de la variedad que nos sorprendió por su fruta negra y su elegancia innata. Muy sensual y envolvente. Muy gastronómico.

 *La joya de la corona: de la Finca Fuente Ignacio, donde el tiempo se detiene

De esas uvas sale su Almavid Garnacha 2016, un vino complejo, equilibrado y con esa mineralidad elegante que te dan los suelos graníticos de la zona. Es un vino que te cuenta la historia de los abuelos y del esfuerzo de Alberto en cada sorbo. Un vino con memoria.


Reflexión final: De sumiller a amigos


Al volver a casa, comentábamos lo importante que es apoyar estos proyectos tan personales. Almavid produce apenas 16.000 botellas al año. Es una producción artesana, limitada y honesta. No buscan conquistar el mercado por volumen, sino conquistar corazones por emoción.


Si buscáis un plan diferente, si queréis entender qué significa de verdad la "cultura del vino" más allá de las etiquetas comerciales y, sobre todo, si queréis conocer a gente que ama lo que hace por encima de todo, tenéis que ir a ver a Alberto y su familia, qué por cierto casi no he hablado de la actual, pero tanto su mujer como sus 3 hijos colaboraron en la elaboración de los maridajes y en el servicio del vino.

Porque al final del día, el buen vino no es solo una bebida. El buen vino es historia, es familia, y trabajo, pero sobre todo es el reflejo de una tierra y es esa pasión genuina que nos hace brindar con una sonrisa.


¡Gracias, familia López Campos, por abrirnos las puertas de vuestra casa! Volveremos pronto. 




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