Muchas veces, como profesionales en el mundo del vino, nos olvidamos del canal retail cuando el verdadero termómetro de la industria está ahí: en los vinos de consumo diario.

Muchas veces, como profesionales en el mundo del vino, nos olvidamos del canal retail cuando el verdadero termómetro de la industria está ahí: en los vinos de consumo diario.
Vamos a los números duros para entenderlo. Según el Informe Anual de Mercado Interno del INV para el 2025, el 65% de los vinos que se consumen son sin mención varietal, y el 31.5% son varietales. Extrapolando esto del consumo per cápita del 2025 (que fue de 15.77 litros), más de 10 litros del vino que se toma en la Argentina corresponden al segmento sin mención varietal. Esto es, ni más ni menos, lo que sostiene el consumo per cápita en nuestro país.
O sea, no es desacertado pensar que más del 50% de los vinos que se venden pasen por los supermercados, que concentra la venta al consumidor final.
Siempre decimos que el vino es cultura – y lo es - pero ¿solo a partir de cierto precio? Fueron los inmigrantes quienes trajeron el vino a la Argentina, y no llegó en copas de cristal. En 1970, el consumo per cápita en Argentina alcanzó su pico histórico: 91,8 litros por habitante al año. Ese volumen no lo era el vino de alta gama, era el vino genérico, el de todos los días, el que acompañaba las comidas con soda o con hielo.
Como sommelier encuentro muy interesante este canal porque es, quizás, el escenario más complejo que existe. Hay una multiplicidad enorme de etiquetas y no hay nadie para asistir en la compra; el vino se enfrenta completamente solo.
Qué busca el consumidor cuando compra?
Disfrute. Disfrute. Disfrute. A veces pensamos tanto en la cultura y el producto en sí, que nos olvidamos de que es una bebida para disfrutar — y otras bebidas supieron canalizar ese espacio.
Claridad. Nadie quiere sentir que precisa un manual de instrucciones para elegir un vino!
Poder tomar una decisión rápidamente. En un mundo acelerado, el tiempo es un lujo…Estudios de neuromarketing indican que el cerebro escanea y procesa una elección en menos de 3 segundos — y solo dedica unos instantes más a confirmar lo que ya eligió. Pero hay algo mucho más importante que no estamos viendo.
El vino es parte de nuestra identidad. La misma que nos distingue en el mundo. La trajeron los inmigrantes, la construimos en la mesa, con soda y con hielo — y la estamos perdiendo.
La cultura es lo que hacemos todos los días, cuando tomamos un mate apurados al salir de casa o un café en el trabajo. El vino también, y puede ser tan simple y descontracturado como quieras. Solo, con hielo, en vaso o en las copas de la abuela.
Tómalo como gustes, pero tomá vino.

Natalia Pacheco
Soy Natalia Pacheco, sommelier internacional (WSET 3) y ratón profesional de bibliotecas, cavas y mapas. Mi curiosidad y afán por estudiar y entender el vino me llevaron de Argentina a Canarias, Francia e Italia… y ojalá a muchos destinos más. Me interesa la comunicación del vino enfocada en el consumidor, la sostenibilidad y el estudio del terroir, así como las charlas entre copas y libros. ¡Brindo por las preguntas que me siguen sorprendiendo!