Repasando fotos en el teléfono he encontrado estas de nuestra visita a Pazo Señorans. He recordado lo impresionante que es este vino Tras los Muros 2019 y la historia que nos contó Cecilia, la estupenda guía que nos hizo la visita.

Repasando fotos en el teléfono he encontrado estas de nuestra visita a Pazo Señorans. He recordado lo impresionante que es este vino Tras los Muros 2019 y la historia que nos contó Cecilia, la estupenda guía que nos hizo la visita.
Hay bodegas que se recorren, se prueban y se recuerdan. Y hay otras que, con el paso del tiempo, se entienden mejor. Eso es exactamente lo que me ha pasado al volver, aunque sea a través de una pantalla, a Pazo Señorans. Porque si algo tiene este lugar es coherencia: una forma de entender el albariño que va más allá de la inmediatez.
Durante años hemos asociado el albariño a juventud, frescura, a esa expresión directa que casi pide ser bebida en su primer o segundo año. Y, sin embargo, allí nos hablaron de otra cosa, de paciencia y de respeto por los tiempos, de dejar que el vino diga más con el paso de los años que en su primer impulso.
Ahí es donde aparece Tras los Muros 2019.
No es un albariño al uso. Tampoco pretende serlo. Es, más bien, una pregunta lanzada al consumidor: ¿y si esta variedad pudiera ser algo más de lo que creemos conocer?
La respuesta empieza en el viñedo. Parcelas muy concretas, algunas de las más próximas al pazo, trabajadas con la idea de obtener no solo frescura, sino también estructura. Porque para sostener el tiempo, el vino necesita más que acidez: necesita fondo.
Y continúa en la bodega, donde el proceso se aleja deliberadamente del camino habitual. La combinación de crianza en barrica de roble, depósito de acero inoxidable y posterior reposo en botella no busca maquillar el vino, sino construirlo. Cada etapa cumple una función: la madera aporta textura y volumen, el acero ordena y afina, y la botella integra, pule y, sobre todo, transforma.
Lo interesante es que nada sobresale. No hay un protagonismo evidente de la madera, ni una fruta que quiera imponerse. Lo que hay es equilibrio. Capas que aparecen poco a poco. Una complejidad que no se entrega de inmediato, sino que exige atención.
Recuerdo que Cecilia insistía en algo que, en ese momento, parecía casi una provocación: no juzgar este vino por su añada. Y ahora, al volver a él desde la distancia, cobra todo el sentido.
Porque Tras los Muros no es un vino pensado para encajar en el consumo rápido. Es un vino que pide tiempo, incluso por parte de quien lo bebe. Que invita a detenerse, a observar cómo evoluciona en la copa, cómo cambia con los minutos, cómo se abre sin prisa.
En un contexto donde muchas veces buscamos lo inmediato, este tipo de vinos casi actúan como un recordatorio. No todo está hecho para ser entendido al instante. Algunas cosas, como este albariño, necesitan recorrido.
Y quizá ahí esté su mayor valor.
Tras los Muros 2019 no intenta convencerte en el primer sorbo. Prefiere quedarse contigo un rato más. Y, si le das ese tiempo, termina contándote algo que no esperabas de un albariño.
Algo que, como me ha pasado revisando esas fotos, solo se entiende de verdad cuando vuelves a ello con otra mirada.

Marta Barrigón Sommelier Wine entusiast
Soy hija de una tierra que huele a viña, a madrugadas de vendimia y a manos manchadas de uva.
Nieta de bodeguero con el que aprendí que el vino no se hace solo en la bodega: nace mucho antes, en la tierra, en el silencio del campo y en el paso paciente de las estaciones.
Soy sommelier, pero antes que nada soy amante del vino y de las historias que nacen en la tierra.
Por eso decidí dedicar este espacio a compartirlo.
A contarlo, a defenderlo y a descubrirlo con otros.
Aquí hablo de vino, de viñedos, de aromas y de sensaciones.
Pero también hablo de personas, de cultura y de tradición. Porque el vino no es solo lo que hay en la copa: es todo lo que lo hace posible.