Hay una escena que se repite en casi todas las empresas familiares en momentos de sucesión.
El padre —fundador, alma, mito— cumple su ciclo y llega el momento del traspaso.
El hijo —o la hija— espera su lugar. Pero ese momento no llega.
Entre los dos, un negocio que no entiende de egos y empieza a resquebrajarse.
.png&w=3840&q=75)
Hay una escena que se repite en casi todas las empresas familiares en momentos de sucesión.
El padre —fundador, alma, mito— cumple su ciclo y llega el momento del traspaso.
El hijo —o la hija— espera su lugar. Pero ese momento no llega.
Entre los dos, un negocio que no entiende de egos y empieza a resquebrajarse.
Los números son crudos: solo una de cada tres empresas familiares sobrevive a la segunda generación. Y lo que más me interesa, como consultora, es por qué. Porque casi nunca es un problema del negocio. Lo que se daña es algo mucho más profundo y doloroso: los vínculos.
Este es uno de los momentos más comlejos y más difíciles de transitar, porque no hay manuales que nos enseñen que pilares debemos cuidar, que conversaciones son elementales, por donde empezar y avanzar.No hay fórmulas mágicas.
De un lado, el fundador (o CEO) está en un momento bisagra, de profunda transformación laboral y personal. Con miedos que casi siempre no pueden ponerse en palabras....porque no alcanzan.
Del otro lado, el sucesor recibe un mandato silencioso: honrar el legado -muchas veces- sin haberlo elegido, liderar con criterios nuevos sin traicionar los viejos, ser fiel y distinto al mismo tiempo.
El vino es la metáfora perfecta de un camino posible. Un camino que nos habla de proceso, tiempo, paciencia, encuentros, charlas profundas. Un camino de escucha, seguimiento, observación......confianza.
Por eso, si buscamos un procesos de traspaso generacional honesto, cuidando lo más sagrado que tenemos: las personas, generalmente no alcanza un abogado y un organigrama.
Necesitamos generar un espacio seguro a poner en palabras lo que la familia siente y calla: el miedo del que suelta, la impaciencia del que espera, y el amor que hay debajo de los dos.
Crear este espacio y acompañar esas conversaciónes es, para mí, uno de los procesos más complejos y máravillosos que existen.
Cuidar la Marca, cuidar las personas que la hacen posible lleva método, técnica y humanidad.
¿En tu empresa, en tu familia, ese diálogo ya empezó?

Vanesa Visnovsky
Elevamos el liderazgo a cultura, la cultura a marca, y la marca a influencia con alma.
Coach Ejecutiva · Consultora en Cultura, Liderazgo y Marca · Socia fundadora.
Acompaño a emprendedores, líderes y equipos del mundo del vino y el turismo que ya tienen un producto —o un talento— con alma, pero sienten que su marca y su liderazgo todavía no cuentan toda la verdad de lo que son.
Mi mirada es sistémica: trabajo desde el origen. Elevo el liderazgo hasta volverlo capital y fuerza vital; transformo esa energía en una cultura coherente; y esa cultura, vivida por cada persona, es la que convierte a la marca en influencia verdadera. Porque una marca, como un buen vino, no se sostiene en la etiqueta: se revela en todo lo que pasó en el origen. Y quien la elige, lo siente.
Acompaño desde la intimidad, con presencia y vínculos honestos, procesos de transformación real —a corto y a largo plazo—. Creo en las marcas con propósito claro, en los valores que se tocan en la experiencia humana, y en cuidar a cada persona de la cadena de valor.
Coaching Ejecutivo 1:1 · Capacitaciones In Company a medida · Charlas y LAB de Marca · Consultoría Estratégica Creativa · Dirección Creativa de Proyectos Colaborativos.
"No se construye una marca auténtica de afuera hacia adentro. La verdad, como el buen vino, se cría desde el origen."
Si algo en vos vibró al leer esto, coordinemos nuestro primer encuentro.