🍇 Hay variedades que estuvieron a punto de desaparecer, pero nunca debieron caer en el olvido.
He tenido la oportunidad de asistir, como embajador de WinesOf, al primer Salón de Variedades Rescatadas.
Diez variedades, diez historias y una misma lucha: preservar la identidad y la riqueza de nuestro patrimonio vitícola.
Porque el futuro del vino también se construye recuperando nuestras raíces.
🍷 Te cuento mi experiencia en este artículo.

Una experiencia como embajador de WinesOf en el primer encuentro dedicado a variedades de uva que estuvieron a punto de desaparecer. Diez bodegas, diez historias y una misma pasión: preservar la identidad vitícola de nuestro país.
Hay vinos que nos sorprenden por su aroma, otros por su estructura, algunos por su capacidad de emocionar. Pero hay vinos que, además, nos cuentan una historia que merece ser escuchada.
El pasado 26 de octubre tuve la oportunidad de asistir, como embajador de WinesOf, al I Salón de Variedades Rescatadas, celebrado en el Espacio Madrazo de Madrid e impulsado por Pequeñas D.O.'s.
Acudí con la curiosidad de quien disfruta descubriendo nuevos vinos, pero también con el interés de quien entiende que detrás de cada botella existe un territorio, una cultura y, sobre todo, personas que trabajan para mantener vivo un patrimonio que no deberíamos permitirnos perder.
Lo que encontré fue mucho más que una exposición de vinos diferentes. Encontré un encuentro muy bien organizado, un ambiente profesional y cercano, grandes conversaciones y, especialmente, proyectos que demuestran que el futuro del vino español también puede encontrarse en su pasado.
Porque recuperar una variedad de uva no consiste únicamente en volver a plantar unas cepas. Significa recuperar una parte de nuestra historia.
### Cuando una variedad está a punto de desaparecer, también desaparece una parte de nuestra identidad
Durante décadas, la viticultura ha evolucionado condicionada por factores económicos, comerciales y productivos.
En muchas zonas de España, determinadas variedades autóctonas fueron perdiendo protagonismo. Algunas ofrecían rendimientos más bajos, otras presentaban mayores dificultades de cultivo y muchas quedaron relegadas ante la expansión de variedades foráneas o las exigencias de un mercado que, durante determinados periodos, parecía apostar por perfiles más homogéneos.
El resultado fue que numerosas uvas tradicionales dejaron de cultivarse o quedaron reducidas a pequeñas parcelas, viñedos antiguos y testimonios de quienes todavía recordaban su existencia.
Y aquí aparece una cuestión que considero fundamental: ¿cuántos vinos diferentes hemos dejado de conocer por haber renunciado a determinadas variedades?
Cuando una variedad desaparece, no perdemos solamente una posibilidad enológica. También perdemos adaptación al territorio, diversidad genética, conocimientos transmitidos entre generaciones y una forma particular de interpretar el paisaje.
Por eso considero tan importante el trabajo de recuperación que están desarrollando algunas bodegas españolas.
No se trata de mirar al pasado con nostalgia, sino de entender que ese pasado puede ofrecernos herramientas para construir el futuro.
El Salón de Variedades Rescatadas nació precisamente con esa filosofía: reunir proyectos de diferentes puntos de España que están devolviendo protagonismo a uvas minoritarias, autóctonas u olvidadas.
Y hacerlo desde una perspectiva que combina investigación, tradición, conocimiento y, por supuesto, pasión por el vino.
### Diez variedades, diez historias y una España vitivinícola por descubrir
Uno de los aspectos que más me llamó la atención del encuentro fue la diversidad geográfica y varietal de los proyectos participantes.
En un mismo espacio pude acercarme a variedades procedentes de territorios muy diferentes, cada una con su propia personalidad y con una historia de recuperación detrás.
No estábamos simplemente ante diez vinos distintos. Estábamos ante diez maneras de reivindicar la identidad de nuestros viñedos.
Entre las propuestas presentadas destacaría:
Albillo Mayor – Bodegas Virtus (D.O. Ribera del Duero)
Desde Peñafiel llegó una propuesta que demuestra hasta dónde puede llegar una variedad blanca tradicional cuando existe conocimiento y voluntad de explorar sus posibilidades.
Bodegas Virtus presentó un Albillo Mayor procedente de cepas viejas, con una elaboración y crianza ambiciosas, llegando a desarrollar un blanco con categoría de Gran Reserva.
Una apuesta especialmente interesante porque rompe con la idea de que determinadas variedades blancas tradicionales deben limitarse a elaboraciones sencillas o de consumo temprano.
Gual – Bodegas El Drago (Tenerife)
Desde las Islas Canarias llegó la Gual, una variedad blanca que representa muy bien la singularidad vitícola del archipiélago.
Su perfil fresco, aromático y con marcada influencia atlántica nos recuerda que España es mucho más que sus grandes regiones vinícolas peninsulares.
Canarias tiene una personalidad propia que merece seguir ganando reconocimiento.
Hondarrabi Beltza – Artomaña Txakolina (Álava)
La presencia de esta variedad tinta autóctona vasca aportó otra perspectiva al encuentro.
La Hondarrabi Beltza forma parte de una tradición vitícola muy particular y demuestra que también existen variedades tintas vinculadas a territorios donde el consumidor suele asociar el vino principalmente con elaboraciones blancas.
Maturana Tinta – Bodegas Vivanco (D.O.Ca. Rioja)
Rioja también tiene mucho que contar cuando hablamos de recuperación varietal.
La Maturana Tinta es un ejemplo de cómo una variedad recuperada puede contribuir a ampliar el patrimonio y las posibilidades expresivas de una denominación tan reconocida.
Su viveza y expresividad permiten seguir explorando la diversidad que existe dentro del propio territorio riojano.
Moribel – Llámalo X (Villarrobledo, Albacete)
Me parece especialmente interesante el trabajo de proyectos que apuestan por variedades minoritarias y por recuperar prácticas tradicionales de elaboración.
En este caso, Llámalo X presentó la Moribel, acompañada de una filosofía de trabajo que también reivindica el uso de tinajas de barro.
Tradición e inquietud por experimentar pueden convivir perfectamente.
Moristel – Pasotismo Wine (D.O. Somontano)
Desde Barbastro llegó la Moristel, una variedad tinta tradicional aragonesa que representa otra de esas historias que merecen mayor visibilidad.
Su recuperación contribuye a ampliar el conocimiento sobre la diversidad vitícola de Aragón.
Pampolat – Bodega de Castellón
La representación valenciana llegó de la mano de la Pampolat, una variedad de perfil mediterráneo y carácter afrutado.
Una muestra más de que todavía existen historias varietales por descubrir en territorios que muchas veces quedan fuera de las conversaciones más habituales sobre el vino español.
Parraleta – Bodegas Valdovinos (D.O. Somontano)
La Parraleta es uno de los ejemplos más interesantes de recuperación varietal aragonesa.
Estuvo muy cerca de desaparecer durante la década de los setenta y hoy vuelve a encontrar su espacio gracias al trabajo de viticultores y bodegas que han apostado por conservarla.
Rojal – Bodegas Novos (D.O. Utiel-Requena)
Desde La Portera llegó la Rojal, una variedad vinculada a la identidad histórica de Utiel-Requena.
Su recuperación demuestra que el patrimonio de una denominación no se limita a sus variedades más conocidas. También existe una historia menos visible que merece ser contada.
Tardana – Familia Vega Tolosa (D.O. Manchuela)
Terminamos este recorrido con una variedad blanca especialmente interesante por su ciclo de maduración tardío.
La Tardana representa una alternativa varietal que permite explorar otros tiempos de vendimia y otras posibilidades de adaptación al entorno.
Su presencia en el salón fue una buena oportunidad para recordar que la diversidad también puede ser una herramienta frente a los nuevos desafíos de la viticultura.
Cada uno de estos proyectos aportó una mirada diferente. Y precisamente ahí estuvo una de las grandes riquezas del encuentro: comprobar que la recuperación varietal no tiene una única fórmula, sino muchas maneras de entender y defender el patrimonio vitícola.
### Mucho más que catar: escuchar a quienes están detrás de cada botella
Si tuviera que destacar algo especialmente positivo de esta primera edición, sería la posibilidad de escuchar directamente a los protagonistas.
Las catas y explicaciones de los propios bodegueros aportaron un valor añadido al salón. Porque una cosa es probar un vino y otra muy diferente es conocer qué ha sucedido para que ese vino pueda llegar hasta nuestra copa.
Detrás de cada proyecto hay años de trabajo, decisiones difíciles, investigación, recuperación de material vegetal y, en muchos casos, una apuesta que no siempre resulta sencilla desde el punto de vista comercial.
Me parece importante detenerme en este aspecto.
En ocasiones, cuando hablamos de vino, centramos demasiado nuestra atención en la puntuación, la crianza, la marca o el reconocimiento de una determinada denominación.
Son elementos que tienen su importancia, pero no deberían hacernos olvidar algo esencial: el vino también es cultura, conocimiento y conservación del patrimonio.
Poder escuchar a quienes han dedicado tiempo y recursos a recuperar variedades que otros dejaron de cultivar permite comprender mejor el verdadero valor de estos proyectos.
Además, el ambiente del encuentro facilitó algo que considero imprescindible en nuestro sector: compartir experiencias, intercambiar conocimientos y generar conversaciones entre profesionales con inquietudes comunes.
La organización estuvo a la altura de la propuesta. El espacio, la disposición de las bodegas y el desarrollo de las actividades permitieron disfrutar de una jornada dinámica, interesante y muy enriquecedora.
Me quedo especialmente con esa sensación de estar descubriendo algo diferente en cada mesa.
No era una sucesión de vinos que buscaban parecerse entre sí. Era una oportunidad para acercarse a distintas identidades y comprender que todavía tenemos mucho por descubrir dentro de nuestras propias fronteras.
### La recuperación varietal también puede ser una respuesta al futuro
Hay otro aspecto que considero especialmente interesante y que merece una reflexión.
La recuperación de variedades autóctonas no debería entenderse exclusivamente como un ejercicio de conservación histórica.
También puede convertirse en una herramienta de futuro.
El sector vitivinícola afronta desafíos importantes: cambio climático, modificaciones en los ciclos de maduración, disponibilidad de agua, nuevas exigencias del consumidor y necesidad de diferenciación en mercados cada vez más competitivos.
En este contexto, conocer y estudiar variedades tradicionales puede abrir nuevas posibilidades.
Algunas presentan características agronómicas o ciclos vegetativos que podrían resultar interesantes para determinados escenarios climáticos. Otras aportan perfiles enológicos diferentes que permiten a las bodegas construir propuestas con mayor personalidad.
Eso sí, conviene evitar simplificaciones: no todas las variedades recuperadas son automáticamente una solución frente al cambio climático, ni todas tienen garantizada su viabilidad comercial.
Cada una necesita investigación, adaptación al territorio, conocimiento técnico y una estrategia de elaboración y comercialización.
Pero precisamente por eso considero que estos proyectos tienen tanto interés.
Porque no se limitan a recuperar algo antiguo. Buscan demostrar que todavía puede tener sentido en la viticultura actual.
Y aquí entra también el papel de las denominaciones de origen, los consejos reguladores, las instituciones y los propios consumidores.
Conservar la biodiversidad vitícola requiere colaboración y una visión a largo plazo.
No basta con que una bodega apueste por una variedad minoritaria. También necesitamos conocerla, divulgarla, darle visibilidad y conseguir que encuentre su lugar en el mercado.
Mi experiencia como embajador de WinesOf
Para mí, asistir a este primer Salón de Variedades Rescatadas como embajador de WinesOf fue también una oportunidad para seguir desarrollando algo que considero fundamental: divulgar el vino desde el conocimiento, la curiosidad y la experiencia.
Siempre he defendido que ser sumiller no consiste únicamente en conocer variedades, regiones, elaboraciones o denominaciones de origen.
También significa tener la capacidad de transmitir ese conocimiento, despertar interés y ayudar a que otras personas descubran todo lo que existe detrás de una copa.
Y encuentros como este facilitan enormemente esa labor.
Me permiten descubrir proyectos, escuchar a sus protagonistas, ampliar conocimientos y encontrar nuevas historias que después puedo compartir con otros profesionales y aficionados.
Como divulgador del vino, considero que debemos prestar más atención a estas iniciativas.
Conocemos perfectamente algunas variedades que forman parte de nuestro vocabulario habitual: Tempranillo, Garnacha, Verdejo, Albariño, Godello o Monastrell.
Pero ¿cuánto sabemos realmente de la Moribel, la Parraleta, la Rojal, la Tardana o la Maturana Tinta?
¿Cuántas personas conocen la historia de la Gual canaria o de la Hondarrabi Beltza?
Ahí tenemos un enorme campo de trabajo para quienes disfrutamos comunicando la cultura del vino.
No podemos divulgar únicamente aquello que ya es conocido. También tenemos la responsabilidad de acercar al público aquello que todavía está por descubrir.
Y hacerlo de una manera comprensible, atractiva y rigurosa.
Porque cuando conseguimos que alguien sienta curiosidad por una variedad desconocida, estamos dando el primer paso para que quiera conocer su territorio, su bodega y su historia.
El patrimonio vitícola necesita personas que crean en él
Después de esta experiencia, hay una idea que me llevo especialmente clara.
El futuro del vino español no tiene por qué construirse únicamente sobre las variedades más comerciales, las denominaciones más reconocidas o los vinos que mejor funcionan en el mercado.
También puede construirse recuperando aquello que durante años quedó olvidado.
Necesitamos bodegas que investiguen, viticultores que conserven, instituciones que apoyen y profesionales que divulguen.
Necesitamos consumidores dispuestos a salir de su zona de confort y descubrir otros perfiles.
Y necesitamos encuentros como este, capaces de reunir en un mismo espacio a personas que comparten una inquietud: mantener viva la diversidad de nuestros viñedos.
Por eso quiero reconocer la iniciativa de Pequeñas D.O.'s y el trabajo de todas las bodegas participantes.
Organizar una primera edición de estas características supone apostar por un contenido que necesita visibilidad y que aporta mucho al conocimiento colectivo del sector.
Ojalá esta primera edición sea solamente el comienzo de un recorrido mucho más largo.
Me gustaría que este salón se consolidase como una cita de referencia para quienes creemos que el patrimonio vitícola español es uno de nuestros grandes valores diferenciales.
Una copa de vino puede guardar siglos de historia
Me gusta pensar que cada variedad recuperada representa una pequeña victoria frente al olvido.
Una victoria de quienes decidieron no arrancar aquellas cepas, de quienes investigaron, de quienes apostaron por elaborar un vino diferente y de quienes entendieron que el valor de un viñedo no siempre se mide por los kilos de uva que produce.
El I Salón de Variedades Rescatadas me permitió comprobar que detrás de muchas de esas botellas existen historias que merecen ser conocidas.
Y me recordó algo que considero esencial en nuestra cultura vitivinícola:
No todo lo que tiene valor es necesariamente lo más conocido. Y no todo lo que dejamos de cultivar merece permanecer en el olvido.
Como embajador de WinesOf, me llevo una jornada de aprendizaje, descubrimiento y buenas conversaciones.
Pero, sobre todo, me llevo una convicción: divulgar el vino también significa dar voz a quienes trabajan para conservar su diversidad.
Porque cuando recuperamos una variedad, no recuperamos solamente una uva.
Recuperamos memoria, identidad, territorio y posibilidades de futuro.
Y eso, para quienes sentimos pasión por el vino, merece toda nuestra atención.

Venancio David Valentin Gomez
🍷Sumiller, divulgador, docente y profesional de vocación polivalente.
Mi trayectoria profesional se ha desarrollado entre la sumillería, la atención al cliente, la actividad comercial, la formación y la divulgación. Una experiencia construida desde la práctica, el aprendizaje continuo y la evolución constante.
El vino ocupa un lugar esencial en ese recorrido. No solo como producto o profesión, sino como cultura, conocimiento, comunicación y experiencia humana. A lo largo de los años he participado en proyectos relacionados con la formación, la divulgación y la transmisión de la cultura vitivinícola, siempre con un enfoque cercano, didáctico y orientado a las personas.
Actualmente combino la actividad docente con la creación de contenidos y la exploración de nuevas herramientas tecnológicas aplicadas al aprendizaje, la comunicación y la transferencia de conocimiento.
Creo en una divulgación rigurosa pero accesible, capaz de acercar el vino a públicos diversos sin perder profundidad ni autenticidad.
Divulgador y sumiller por pasión.
Docente y formador por evolución.
Comercial y camarero por profesión.
Guarnicionero por oficio.
💬 En colaboración con "Vinopremier" ponemos a tu disposición los mejores vinos y experiencias 👉Tienda Aquí 👈
💬 En colaboración con "Jamonarium", ponemos a tu disposición los mejores productos gourmet 👉Tienda Aquí 👈
💬 En colaboración con "EmocionDay", ponemos a tu disposición las mejores experiencias 👉Tienda Aquí 👈
Salud 😊y buen vino🍷 a todos.