🍷 Madrid es vino. Al menos, esa es mi humilde opinión.
Durante mucho tiempo hemos hablado de Madrid como una gran ciudad. Y lo es.
Pero pocas veces hablamos de su tierra, de sus viñas y de las personas que llevan años trabajando para que el vino madrileño tenga identidad y reconocimiento.
En este artículo comparto mi visión personal sobre la Denominación de Origen Vinos de Madrid: su historia, su diversidad, el valor de sus cuatro zonas vitivinícolas y el trabajo que se está haciendo para dar a conocer por qué Madrid también es vino.
No es un artículo técnico ni pretende sentar cátedra. Es una reflexión desde el respeto al territorio, al buen hacer y a quienes creen en el vino como parte de nuestra identidad.
📖 Si te apetece leerlo, aquí te dejo el artículo completo.
Porque para mí, Madrid no solo se vive, Madrid también se bebe. 🍷

Cuando hablamos de Madrid casi siempre pensamos en sus grandes avenidas, su cultura, su gastronomía, su historia como gran capital. Pensamos en una ciudad que nunca para. Pero pocas veces miramos al suelo. A la tierra. A lo que crece alrededor de la ciudad.
Y ahí es donde empieza esta historia: en las viñas.
Porque antes de ser una gran urbe, Madrid ya era tierra de vino. Durante siglos, los pueblos que hoy rodean la capital vivieron de la vid. El vino no era una moda ni un lujo, era parte del día a día, del trabajo y de la mesa. Abastecía a la ciudad y formaba parte de su identidad.
Con el crecimiento urbano y los cambios de consumo, esa realidad quedó en segundo plano. Muchas viñas desaparecieron, otras resistieron en silencio. Y precisamente esa resistencia es una de las grandes claves del vino madrileño.
En 1990 nace la Denominación de Origen Vinos de Madrid, no para inventar nada nuevo, sino para proteger lo que ya existía: una historia, un territorio y una forma honesta de hacer vino.
🍷 Cuatro zonas, una misma pasión
Una de las grandes riquezas de la Denominación de Origen Vinos de Madrid está en su diversidad. Madrid no es un territorio uniforme, y sus vinos tampoco lo son. La DO se construye a partir de cuatro zonas vitivinícolas que aportan matices distintos, pero que comparten una misma manera de entender el vino: desde el respeto al origen y al trabajo bien hecho.
Arganda es la zona más extensa y, en muchos sentidos, el corazón productivo de la denominación. Sus viñedos forman parte del paisaje desde hace generaciones y reflejan una viticultura constante, ligada al ritmo del campo y al conocimiento acumulado durante años.
Navalcarnero representa una tradición muy arraigada al vino. Aquí la experiencia se transmite de generación en generación y se traduce en vinos equilibrados, reconocibles y fieles a su territorio. Es una zona donde el vino siempre ha tenido un papel protagonista en la vida local.
Al oeste, San Martín de Valdeiglesias se apoya en la cercanía de la sierra. La altitud y el entorno natural marcan el carácter de sus vinos, aportando frescura y una expresión muy vinculada al paisaje. Es un buen ejemplo de cómo el entorno influye directamente en lo que llega a la copa.
Y al norte encontramos El Molar, la zona más reciente dentro de la denominación. Su incorporación refuerza la idea de una DO viva, que protege su historia pero que también sabe evolucionar. El Molar suma nuevos suelos y nuevas miradas, enriqueciendo el conjunto sin perder coherencia.
Cuatro zonas distintas que no compiten entre sí, sino que se complementan.
Cuatro formas de interpretar el territorio que construyen una identidad común y refuerzan un mensaje claro: el vino de Madrid es diverso, honesto y profundamente ligado a su tierra.
Cuatro territorios distintos, unidos por algo muy claro: amor por la tierra y buen hacer.
🌱 Vino sin disfraces
Si hay algo que define a los Vinos de Madrid es su honestidad. Aquí el vino no busca aparentar ni esconderse detrás de modas pasajeras. Busca ser fiel a su origen, a la tierra de la que nace y a las personas que lo elaboran.
Cuando hablo de vinos sin disfraces hablo de una manera de trabajar basada en el respeto. Respeto por la viña, muchas veces vieja y cuidada durante generaciones. Respeto por el entorno y por los tiempos que marca la naturaleza. Y respeto por el consumidor, al que se le ofrece un vino que no necesita explicaciones complicadas para disfrutarse.
En Madrid se ha apostado por recuperar viñedos, por escuchar al campo y por dejar que el vino exprese su carácter sin forzarlo. No se trata de imponer estilos ni de copiar modelos ajenos, sino de entender qué puede dar cada zona y trabajar desde ahí. Ese enfoque se traduce en vinos directos, equilibrados y con personalidad propia.
Son vinos que hablan de contrastes climáticos, de días intensos y noches frescas, de suelos que marcan diferencias y de decisiones tomadas con criterio. Vinos que cuentan una historia real, sin artificios, y que conectan fácilmente con quien los prueba.
Porque al final, el verdadero valor de estos vinos no está en complicarlos, sino en hacerlos coherentes con su origen. Y esa coherencia es, hoy en día, una de las grandes fortalezas de los Vinos de Madrid.
🚶♂️ La Ruta del Vino de Madrid: cuando el vino se convierte en experiencia
El vino no se entiende solo en una copa. Se entiende cuando pisas la tierra, cuando recorres los viñedos y cuando hablas con quienes lo hacen posible. Con esa idea nace la Ruta del Vino de Madrid.
Su objetivo es claro: mostrar que Madrid es vino, y hacerlo de una forma cercana, accesible y real. No se trata solo de visitar bodegas, sino de descubrir un territorio completo a través del vino, integrando pueblos, gastronomía, cultura y paisaje.
La Ruta del Vino de Madrid conecta bodegas, restaurantes, alojamientos y experiencias que comparten una misma visión: poner en valor el entorno rural madrileño y acercarlo al consumidor. Aquí el vino no se presenta como algo lejano o exclusivo, sino como parte de una experiencia que se vive y se disfruta sin prisas.
Lo que más valoro de esta iniciativa es su concepto. No busca un turismo rápido ni superficial. Busca vivir el vino, entender de dónde viene y por qué es como es. Te invita a conocer a los productores, a descubrir pequeños municipios con una gran historia vinícola y a disfrutar de la gastronomía local como parte del conjunto.
Además, la Ruta del Vino cumple una función fundamental para el sector: acerca el vino a nuevos públicos, lo saca del discurso técnico y lo lleva a un terreno cotidiano y emocional. Hace que más personas entiendan que el vino de Madrid forma parte de su identidad.
🍇 Aportación al sector y al territorio
Todo este trabajo tiene un impacto claro. No solo en la visibilidad de los vinos, sino en el propio territorio. Se refuerza el papel de los productores, se dinamiza el medio rural, se genera actividad económica y se construye un relato sólido en torno al vino madrileño.
Pero, sobre todo, se consigue algo fundamental: cambiar la mirada. Hacer que Madrid empiece a verse también como una tierra de vino, con orgullo y sin complejos.
🍷 Reflexión final
Madrid es una gran ciudad, de eso no cabe duda, con una oferta cultural, gastronómica y social reconocida dentro y fuera de nuestras fronteras. Pero Madrid es también territorio, paisaje y viña. Es historia agrícola, es tradición transmitida durante generaciones y es presente construido con trabajo constante y compromiso.
Cuando hablo de la Denominación de Origen Vinos de Madrid hablo de personas que creen en su tierra, que la cuidan y que han sabido convertir ese respeto en vinos con identidad propia. Vinos que representan a su entorno y que ayudan a reforzar el valor del sector vitivinícola madrileño dentro y fuera de la región.
El impulso que Vinos de Madrid está dando a través de iniciativas como la Ruta del Vino es clave para acercar esta realidad al consumidor, para mostrar que detrás de cada botella hay territorio, conocimiento y una clara apuesta por hacer las cosas bien.
Por eso creo firmemente que Madrid no es solo una gran ciudad con todo lo reseñable que la define. Madrid también es vino. Y reconocerlo, contarlo y apoyarlo es una manera de poner en valor nuestro patrimonio, nuestra tierra y a quienes la trabajan cada día.
Cada botella de Vinos de Madrid lleva paisaje, esfuerzo y orgullo.
Y eso merece ser contado, compartido y, sobre todo, disfrutado.
La próxima vez que pienses en Madrid, piensa también en vino.
Porque Madrid no solo se vive, Madrid también se bebe. 🍷

Venancio David Valentin Gomez
🍷Sumiller por profesión, guarnicionero por oficio y contador de historias por pasión.
💫Entre el aroma del cuero y el perfume del vino, descubro historias que nacen de la tierra y se curten con el tiempo.
📝Acompáñame a explorar los secretos del vino, donde la artesanía del cuero y la tradición de la viña se entrelazan.
👌 Porque el vino no solo se bebe, se vive… y se cuenta.
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Salud 😊y buen vino🍷 a todos.