Bodega Heredad Martínez Castillo es una bodega familiar de viñedos propios en Cuzcurrita del Río Tirón (La Rioja Alta) que elabora vinos de autor donde la fruta y el carácter del terruño tienen protagonismo, huyendo de las categorías tradicionales de Rioja.

En el corazón de La Rioja Alta, en el precioso municipio de Cuzcurrita del Río Tirón, se encuentra la Bodega Heredad Martínez Castillo, una pequeña bodega familiar que conquista desde el primer instante por su autenticidad, cercanía y encanto. Nuestra visita fue una experiencia entrañable que nos permitió descubrir no solo grandes vinos, sino también las personas y la pasión que hay detrás de cada botella.
Nos recibió Miguel, uno de los propietarios, quien nos abrió las puertas de su casa con una calidez que solo se encuentra en proyectos verdaderamente familiares. Desde el primer momento se percibe que estamos ante una bodega con alma. Rodeada por su propio viñedo, la finca ofrece una estampa idílica: las cepas abrazan el edificio, integrando paisaje y elaboración en un mismo latido. Es un lujo poder caminar entre las viñas y, apenas unos pasos después, encontrarse en el lugar donde esa uva se transforma en vino.
Miguel nos explicó con orgullo el trabajo que realizan, siempre respetando la tradición riojana pero con una visión cuidada y personal. Elaboran cuatro tipos de vinos, cada uno con identidad propia y un esmero que se nota en cada detalle.
La cata la realizamos con Támara, hija de Miguel, una mujer joven, encantadora y apasionada por el mundo del vino. Su forma de transmitir, cercana y didáctica, hizo que la experiencia fuera aún más especial. Con ella recorrimos la gama completa de la bodega.
Comenzamos con el blanco, elaborado con la variedad Viura. Se trata de un vino fermentado en barrica de roble francés durante 12 meses y posteriormente afinado un año en botella. El resultado es un blanco complejo, elegante y estructurado, con notas tostadas perfectamente integradas y una frescura que equilibra el conjunto. Un vino que demuestra que la Viura, bien trabajada, puede ofrecer grandes sorpresas.
El rosado, elaborado con Tempranillo y Viura, fue para mí uno de los grandes descubrimientos. Fresco, equilibrado y lleno de matices, combina fruta roja, delicadeza y una acidez muy agradable que invita a seguir disfrutando. Como amante de los rosados, este se ganó un lugar especial entre mis favoritos.
En cuanto a los tintos, el Crianza está elaborado con Tempranillo, Mazuelo y Graciano, y pasa 12 meses en barrica. Es un vino redondo, con buena estructura, taninos pulidos y un equilibrio perfecto entre fruta y madera. Representa fielmente el carácter clásico de la zona, pero con el sello personal de la familia.
Por último, probamos Km 458, una edición limitada muy especial. Su etiqueta ya lo hace único: la hoja que aparece dibujada está realizada con su propio vino, un detalle artístico que refleja el cuidado y la personalidad del proyecto. Está elaborado con Tempranillo, Mazuelo, Graciano y Viura, una combinación que aporta complejidad y originalidad. En boca es potente, elegante y profundo, con gran expresión aromática. Fue el vino que más le gustó a mi pareja, y he de reconocer que también me conquistó.
En definitiva, los vinos de Heredad Martínez Castillo nos han gustado muchísimo. La relación calidad-precio es inmejorable y la experiencia, tanto por el entorno como por el trato humano, resulta difícil de olvidar. Es una bodega pequeña, sí, pero precisamente ahí reside su magia: en la cercanía, en el cariño por la tierra y en el orgullo de elaborar vinos que cuentan una historia familiar en cada sorbo.