Marta Barrigón Sommelier Wine entusiast

El valor de entender la vid: una mirada personal al jardín de variedades de Bodegas Bilbaínas

Hay experiencias enoturísticas que van más allá de la cata o de la visita a una bodega histórica. Para mí, como guía de enoturismo, una de las más valiosas es poder detenerse frente a la vid, observarla y comprenderla. Por eso, el jardín de variedades de Bodegas Bilbaínas se ha convertido en un espacio especialmente significativo dentro de las visitas.

A menudo, quienes trabajamos en este sector damos por hecho ciertos conocimientos. Hablamos de sistemas de conducción, de variedades o de estilos de poda como si fueran conceptos universales. Sin embargo, la realidad es otra: muchos visitantes llegan sin saber diferenciar una cepa en vaso de una en espaldera, o incluso sin haber visto nunca una vid de cerca. Es ahí donde este jardín cobra todo su sentido. Además están con la brotación lo que da pie a explicar el ciclo vegetativo de la vid. 

Recorrer este espacio permite visualizar, de forma clara y didáctica, cómo se desarrolla la vid y cómo influyen los distintos sistemas de formación. La comparación entre la espaldera —más ordenada, vertical y moderna— y el vaso —más tradicional, bajo y abierto— se vuelve evidente al tenerlas delante. Esta comprensión transforma por completo la experiencia posterior en la bodega y en la copa.

Otro aspecto que considero fundamental es el recorrido por las variedades. Rioja cuenta con un patrimonio vitícola propio muy rico, y el jardín de Bodegas Bilbaínas permite descubrir de forma directa las variedades con las que trabaja la bodega.

En variedades blancas, encontramos tempranillo blanca, maturana blanca, malvasía, garnacha blanca y viura. En cuanto a las tintas, el recorrido incluye tempranillo, garnacha tinta, graciano, mazuelo y maturana tinta. Tenerlas todas juntas permite no solo identificarlas, sino también entender mejor su papel en los vinos de Rioja. 

Y es que todas estas variedades forman parte del trabajo enológico de la bodega. Con ellas se elaboran sus vinos, lo que aporta aún más valor a la experiencia: no se trata solo de observar, sino de conectar directamente la planta con el resultado final.

Para mí, este tipo de espacios marcan la diferencia en el enoturismo. No solo enriquecen la visita, sino que ayudan a democratizar el conocimiento del vino, acercándolo de forma sencilla y visual. Porque antes de hablar de aromas, de barricas o de añadas, todo empieza aquí: en la vid.

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Marta Barrigón Sommelier Wine entusiast

Soy hija de una tierra que huele a viña, a madrugadas de vendimia y a manos manchadas de uva.

Nieta de bodeguero con el que aprendí que el vino no se hace solo en la bodega: nace mucho antes, en la tierra, en el silencio del campo y en el paso paciente de las estaciones.

Soy sommelier, pero antes que nada soy amante del vino y de las historias que nacen en la tierra.

Por eso decidí dedicar este espacio a compartirlo.

A contarlo, a defenderlo y a descubrirlo con otros.

Aquí hablo de vino, de viñedos, de aromas y de sensaciones.

Pero también hablo de personas, de cultura y de tradición. Porque el vino no es solo lo que hay en la copa: es todo lo que lo hace posible.

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