Algo que pienso desde el principio de mi carrera y nunca me animé a escribirlo públicamente... pero ahora que lo hice, se siente bien. Igualmente, me gustaría conocer las opiniones y perspectivas de otros para aprender mejor y abrir la mente en este tema.

Anoche tuve una conversación con unn colega y amiga querida.
Una enóloga que, a diferencia de mí, sigue plantando viñas y haciendo vino.
Y me hizo pensar (recordar) en cuánto odio los puntajes y las medallas.
Sé que mueven mucho dinero y mucho vino.
Pero es tan… injusto.
Un vino lleva años en hacerse.
Implica estudiar el suelo. Plantar. Cuidar esas plantas.
Estar pendiente de las heladas. Del granizo. De las plagas.
De la gente para vendimiar. De la maquinaria.
Invertir (muchísimo) dinero.
Y hay una sola oportunidad al año para hacerlo.
El proceso de aprendizaje lleva tiempo.
Y a eso se le suma el cambio climático, la adaptación, la incertidumbre económica, etc.
Para después enviar ese vino a ser catado en 5 minutos, después de quién sabe qué otros vinos, en quién sabe qué condiciones, para ponerle un puntaje de… lo que sea.
5 minutos. O incluso menos.
Años de trabajo.
5 minutos de cata.
Para ser puntuado.
Y dependiendo de ese puntaje… bueno, todos sabemos.
Sé que esto ayuda a muchas bodegas... pero ¿es sostenible?
Estoy pensando en otras formas…

Melisa Agamennoni
Me dedico al vino desde el 2009. Y desde entonces es que estoy en una búsqueda continua por apoyar esta industria.
Me mueve y me inspira su resiliencia, su historia; sus anécdotas de esfuerzo, pasión y superación.